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Los datos en The New Yorker

Buscando informaci贸n sobre la revista The New Yorker, llegu茅 a un post sobre como funciona el departamento de verificaci贸n de datos de la revista.

El texto es la transcripci贸n de la conferencia que dio Andy Young en el VII Congreso de Periodismo Digital de Huesca en marzo de 2006.

Los Datos. El proceso de verificaci贸n de datos en The New Yorker

Por Andy Young

Me gustar铆a describir un poco la revista donde trabajo. The New Yorker acaba de cumplir 86 a帽os y es, para bien o para mal, la revista semanal m谩s importante de Estados Unidos. Fue concebida en los a帽os 20 como revista humor铆stica y como cr贸nica de la ciudad de Nueva York en la 茅poca del Jazz. Publicaba art铆culos de autores humor铆sticos como Dorothy Parker, Robert Benchley, AJ Liebling, y James Thurber.

El tono de la revista cambi贸 durante y despu茅s de la segunda Guerra Mundial. En el a帽o 1946, public贸, en varias entregas, Hiroshima de John Hersey, una obra seminal sobre los efectos de las bombas nucleares en la poblaci贸n de Jap贸n. Esta obra tambi茅n ayud贸 a crear el tono de la revista 鈥搖na actitud de perplejidad, a veces exagerada, hacia el Gobierno de Washington, y un sentido de que esa ciudad est谩 poblada por gente que no saber pensar. Ese tono no ha cambiado mucho a trav茅s de los a帽os. En las d茅cadas de los 50 y 60 la revista tambi茅n empez贸 a ser reconocida 鈥 y todav铆a lo es 鈥 por los cuentos que publicaba cada semana. El New Yorker ha publicado a Philip Roth, John Updike, John Cheever, Nabokov, Borges, James Baldwin, y JD Salinger, el autor tal vez m谩s asociado con el estilo de la revista.

En esos a帽os tambi茅n public贸 In Cold Blood (A sangre fr铆a) de Truman Capote y Silent Spring (Primavera silenciosa) de Rachel Carson, dos obras que cambiaron la manera en la que se escribe la 鈥渘o ficci贸n鈥 y que, en el caso de Rachel Carson, facilitaron el desarrollo del movimiento ecologista en Estados Unidos. M谩s adelante, public贸 a autores como Seymour Hersh, Joan Didion, Janet Malcolm, Raymond Carver, y Adam Gopnik. En los 煤ltimos a帽os, la situaci贸n ha vuelto a cambiar. Ha terminado la 茅poca en la que se pod铆an dedicar 20.000 palabras al ciclo vital del trigo. Tampoco creo que el futuro nos ofrecer谩 otro art铆culo sobre la vida cotidiana de una dominatrix de lujo o una estrella del cine porno. Los autores de cuentos que la revista publica son m谩s internacionales -pueden servir como ejemplo Haruki Murakami, Zadie Smith, y Jos茅 Saramago-. Desde el 11 de septiembre de 2001, la revista, como todo el pa铆s 鈥搊 por lo menos eso espero鈥 se ha vuelto m谩s sensible a los temas y acontecimientos internacionales.

Mirando en los archivos, encontr茅 solamente tres o cuatro art铆culos sobre Espa帽a antes de los atentados de Madrid en 2004. Un art铆culo sobre la carest铆a de los comestibles despu茅s de la segunda guerra, dos sobre procesiones religiosas y la cocina espa帽ola, y un art铆culo de Jon Lee Anderson, a quien todos aqu铆 conocemos bien, donde realiza un retrato del Rey Juan Carlos. Desde 2003 he corregido dos art铆culos sobre Espa帽a, uno de Jon Lee, sobre el movimiento vasco, y otro de Larry Wright sobre las investigaciones realizadas despu茅s del 11 de marzo. Me fij茅 en los archivos 鈥 de una manera poco sistem谩tica, debo admitir鈥 para recordar los art铆culos que he corregido desde el 11 de septiembre, y encontr茅 por lo menos ocho art铆culos largos sobre Afganist谩n, diez m谩s o menos sobre Irak e Ir谩n, y demasiados art铆culos para contar sobre las mentiras y las excusas del Gobierno para racionalizar sus guerras y las torturas en Abu Ghraib y Guant谩namo.

Ahora quiero empezar a explicar los procedimientos de fact checking o verificaci贸n de datos en The New Yorker. La revista toma muy en serio este proceso, m谩s en serio que otras revistas. Es un proceso que pr谩cticamente no se realiza en los peri贸dicos o en las editoriales literarias. En realidad es un lujo que se ofrece a nuestros autores, pero, a fin de cuentas, sirve para proteger a la revista de litigios por difamaci贸n y de la publicaci贸n de errores vergonzosos, como por ejemplo un art铆culo en el cual se dec铆a que Jackson Pollock hab铆a asistido a una cena en 1970, catorce a帽os despu茅s de su muerte. Este es un ejemplo real de un art铆culo que yo revis茅. La verificaci贸n de datos ayuda a cruzar la l铆nea, a veces poco clara, entre la realidad y la ficci贸n. Los esc谩ndalos recientes de Jayson Blair y Judith Miller en el New York Times, y de James Frey, el autor de las memorias A Million Little Pieces (traducido en Espa帽a como En mil pedazos), que 鈥攁hora que sabemos que conten铆an una porci贸n alta de invenci贸n鈥 han demostrado la utilidad de la verificaci贸n.

En New Yorker hay 16 fact checkers 鈥 un n煤mero inferior al de correctores de manuscrito o copy editors, pero superior al n煤mero de verificadores de otras revistas. Algunos de mis colegas son j贸venes, reci茅n licenciados; otros realizan este trabajo desde antes de que yo naciera. La secci贸n tiene un director, que antes fue verificador, que tambi茅n escribe art铆culos para otras publicaciones. 脡l resuelve los problemas complicados que surgen y se ocupa de entrevistar y contratar a nuevos empleados. Tiene dos delegados que se encargan del flujo de art铆culos y de otros asuntos de organizaci贸n. Todo lo que se publica en la revista es verificado, incluso las historietas gr谩ficas, las portadas, los poemas, los cuentos, las rese帽as de arte y, por supuesto, los art铆culos period铆sticos.

Una vez, verifiqu茅 un poema que describ铆a una laguna en Puerto Rico que estaba iluminada por la luz de ciertos animales fosforescentes. No me acuerdo c贸mo se llamaban, pero descubr铆 en mis investigaciones que el poeta no sab铆a nada de estos animales ni tampoco de c贸mo produc铆an su fosforescencia. Hab铆a inventado t茅rminos cient铆ficos para describir lo que 茅l hab铆a visto, detalles que hubieran parecido rid铆culos a cualquier lector con un conocimiento b谩sico de biolog铆a. Tuve que explicar todo esto al editor. Desgraciadamente eliminaron el poema. El poema era bueno, pero la falta de un sentido b谩sico de la ciencia lo sac贸 de la revista. Nunca m谩s he querido verificar poemas por el terror de torturar a los pobres poetas. Al poco tiempo de mi llegada a la revista, verifiqu茅 un art铆culo escrito por el novelista Jeffrey Eugenides sobre un antrop贸logo, un sex贸logo que estudiaba a los hermafroditas en la selva de Pap煤a Nueva Guinea. Eugenides dec铆a que los p谩jaros y los monos de la selva no hab铆an dejado dormir al sex贸logo. Yo pens茅: 鈥溌laro! Eso me parece muy l贸gico鈥. Unas semanas despu茅s me lleg贸 una carta de un primat贸logo jubilado. Los especialistas en temas raros, especialmente los especialistas jubilados, son los enemigos de los fact checkers. El primat贸logo insist铆a que ten铆amos que publicar una correcci贸n porque resulta que no hay monos en la selva de Pap煤a Nueva Guinea. Pens茅: 鈥溌縬u茅 importa?鈥. Se lo dije al director de la secci贸n, pero 茅l me explic贸 muy seriamente que s铆 era importante y que yo ten铆a que haber averiguado si hab铆a monos en Nueva Guinea. Si no los hab铆a, deber铆a haber ofrecido al autor la opci贸n de reemplazar los monos por otro animal ind铆gena. 驴A lo mejor lo que arruinaba el sue帽o del sex贸logo era el ruido de p谩jaros e insectos? Dos semanas m谩s tarde lleg贸 otra carta del primat贸logo, donde mostraba un estado de p谩nico. Resulta que hab铆a investigado el tema, y que, a causa de la despoblaci贸n forestal y el desplazamiento de las poblaciones de monos, ahora s铆 hab铆a monos en la selva de Pap煤a Nueva Guinea. Por primera y 煤ltima vez, celebr茅 la destrucci贸n de las selvas pr铆stinas y empec茅 a tener dudas sobre la carrera que hab铆a elegido.

Estos son ejemplos triviales de lo que hacemos, pero indican el nivel de precisi贸n y de detalle que se espera de los fact checkers. No importa si el art铆culo es sobre un episodio de la vida de la esposa del Marqu茅s de Sade (en ese caso, por lo menos no hay peligro de litigio), o si es un art铆culo que podr铆a afectar la pol铆tica del Gobierno, como la serie que publicamos sobre los abusos en Abu Ghraib. Un aspecto del trabajo que todos apreciamos es que cada semana acaba siendo como un curso intensivo sobre cosas como la historia de los Marsh Arabs (谩rabes del pantano) en el sur de Irak o sobre la vida pol铆tica de Hugo Ch谩vez, Augusto Pinochet o sobre la lengua ind铆gena Eyak, un idioma casi olvidado que s贸lo habla una se帽ora anciana en Alaska. Cuando un art铆culo es aceptado por los editores, lo mandan al director de los fact checkers que nos lo pasa. Muchas veces, la selecci贸n de verificador depende de los intereses o de la preparaci贸n o especializaci贸n de cada uno. Por ejemplo, a m铆 casi nunca me escogen para corregir art铆culos sobre econom铆a, sobre deportes o art铆culos que requieren un conocimiento del alem谩n o el franc茅s. Muchas veces me escogen para corregir art铆culos sobre artistas o cualquiera que requiera pelear con la gente de la Casa Blanca. Cuando me mandan un art铆culo, lo leo r谩pido la primera vez. Una de las ventajas de tener muchos empleados es que si un art铆culo realmente no me interesa, puedo dec铆rselo al director y pas谩rselo a otra persona. Despu茅s de leerlo, generalmente llamo al autor y al editor para preguntarles si piensan que el art铆culo est谩 listo y terminado o si creen que todav铆a pasar谩 por muchos cambios o si el periodista todav铆a est谩 entrevistando sus fuentes. Lo m谩s importante es hablar con el autor del art铆culo sobre sus fuentes. Si el art铆culo es sobre una nueva biograf铆a de Garc铆a Lorca, las fuentes son bastante obvias: otras biograf铆as, las obras de Garc铆a Lorca, su correspondencia, etc茅tera. En ese caso, es posible que no tenga que hacer ninguna llamada. Si el art铆culo habla de c贸mo el Ministerio de Defensa falsific贸 la informaci贸n sobre las supuestas armas de destrucci贸n masiva y enga帽贸 a las Naciones Unidas y al mundo entero para justificar una guerra contra Irak (茅ste fue el tema de un art铆culo de Seymour Hersh que yo verifiqu茅) el proceso es mucho m谩s complicado. Hay que llamar a agentes de la CIA, a los representantes del ministerio, a funcionarios importantes en la Casa Blanca, etc茅tera. En este caso, tuve que crear listas muy largas de preguntas basadas en la informaci贸n que se revelaba en el art铆culo y las mand茅 a todas esas personas. Se trata de preguntas muy espec铆ficas que deben parecer c贸micas a las personas que las reciben; en realidad, creo que m谩s bien las encuentran irritantes, porque son personas muy ocupadas que no tienen ganas de perder el tiempo contestando mis listas de preguntas. En el caso del art铆culo de Seymour Hersh, las preguntas iban desde qu茅 despacho es el que est谩 al lado del de una persona o si otra persona estudi贸 con un determinado profesor en los a帽os sesenta en la Universidad de Chicago. Tambi茅n hay preguntas m谩s complicadas como, por ejemplo, 驴es verdad que los pocos empleados top secret de la Oficina de Planes Especiales en el Ministerio de Defensa se autodenominan 鈥渓a c谩bala鈥? En algunas ocasiones es necesario verificar conversaciones que han sido relatadas por terceras personas que no intervinieron directamente. Por ejemplo, un senador explic贸 a un periodista lo que el Presidente le cont贸 sobre un asunto. Entonces, acudimos a la oficina del Presidente para preguntarle si recordaba la conversaci贸n como la hab铆a contado el senador. Muchas veces, las versiones no coinciden y hay que modificar el texto para que aparezca la conversaci贸n en el art铆culo. Una parte importante del proceso de verificaci贸n de un art铆culo de este tipo es poder valorar si se puede confiar en las fuentes del periodista. Para hacerlo, debemos preguntarnos: 驴Qui茅n es esta persona? 驴Tiene acceso a esa informaci贸n? 驴Cu谩les son sus motivos para hablar de estos temas con un periodista? Yo siempre s茅 la identidad de las fuentes secretas del periodista, aunque no se publiquen sus nombres y aparezcan como 鈥渦n ex oficial de la CIA鈥 o 鈥渦na fuente de la Casa Blanca鈥. A veces, cuando hablo con una fuente, me doy cuenta de que esa persona no es completamente fiable. En algunos casos, sus motivos y prejuicios resultan demasiado evidentes, su versi贸n de los hechos es demasiado vaga, parece que est谩 mintiendo o la historia que me cuenta no est谩 de acuerdo con lo que dicen otras fuentes.

Esto es lo que pas贸 en los meses antes de la Guerra de Irak con los art铆culos de Judith Miller para el New York Times. Judith Miller ten铆a acceso a personas con informaci贸n sobre las armas de destrucci贸n masiva, personas que formaban parte o ten铆an v铆nculos muy estrechos con los niveles m谩s altos del Gobierno. Sus art铆culos comenzaron a generar temor en el p煤blico porque dec铆an que Irak estaba preparando la construcci贸n de armas nucleares. Colin Powell hizo referencias a la informaci贸n de los art铆culos de Miller en su declaraci贸n ante el Consejo de Seguridad de la ONU antes del inicio de la guerra. No puedo decir con seguridad que esos art铆culos no habr铆an sido publicados en The New Yorker. Muy posiblemente habr铆an sido publicados, pero solamente despu茅s de haber sido verificado por alguien como yo. Para hacerlo, habr铆amos hablado con sus fuentes y hecho todo lo posible para saber los nombres de todas las personas con quien ella hab铆a hablado y si era verdad que ten铆an acceso a la informaci贸n que dec铆an tener. En el mejor de los casos, habr铆amos hablado con sus fuentes despu茅s de haber le铆do las notas de sus entrevistas. Aunque no siempre es posible conseguir estas notas, nuestros periodistas saben que es una parte importante del proceso. No es algo que pasemos sin mucha discusi贸n previa. Tambi茅n saben que tenemos la pol铆tica de llamar a todas las fuentes.

A veces, las fuentes se resisten a dedicar tiempo para hablar por tel茅fono conmigo. Les digo que si Hugo Ch谩vez estuvo dispuesto a dedicarme media hora, ellos 鈥揹irectores de museos, funcionarios menores, etc茅tera鈥 tambi茅n lo pueden hacer. Cuando nos mandan un art铆culo que parece dudoso 鈥 y a veces pasa鈥, por lo general no se publica en seguida. Se dedican varias semanas y se pide que el autor que realice m谩s investigaciones en las que nosotros le ayudamos. En el caso de las fotos de las torturas y humillaciones en Abu Ghraib, Seymour Hersh 鈥揺l periodista que revel贸 la noticia鈥 ten铆a un CD con reproducciones de las fotos. En ese caso, nos pareci贸 que las fotos bastaban para publicar un art铆culo sobre los abusos donde aparecieron varias im谩genes. No puedo decir c贸mo el se帽or Hersh obtuvo esas fotos, pero s铆 puedo decir que lo primero que hicimos fue determinar si eran aut茅nticas. M谩s tarde aparecieron fotos falsas en Inglaterra, por ejemplo. Nosotros pudimos determinar que eran aut茅nticas, que fueron tomadas en Abu Ghraib y, hasta cierto punto, confirmamos la identidad de las personas que aparec铆an en las fotos. La revista esper贸 una semana para publicar el art铆culo y as铆 nuestros abogados tuvieron tiempo para revisarlo y nosotros para asegurarnos de que lo que dec铆amos era correcto.

Hace unos a帽os, trabaj茅 con Jon Lee Anderson en un art铆culo sobre Augusto Pinochet. Jon Lee hab铆a hablado con un miembro de la familia de Pinochet que le dijo que el general estaba en Inglaterra recuper谩ndose de una operaci贸n. No habl茅 con Pinochet, pero lo hice con otros miembros de su familia y de su entorno y pude determinar que Pinochet todav铆a estar铆a en Inglaterra cuando el art铆culo apareciera publicado. En el texto se hablaba de la investigaci贸n del juez Baltasar Garz贸n y de su orden de arresto por violaciones de los derechos humanos. Pocos d铆as despu茅s de su publicaci贸n, Garz贸n logr贸 que arrestaran a Pinochet. Estoy seguro de que el familiar que nos habl贸 no estaba nada contento con el resultado de su indiscreci贸n, pero 驴c贸mo pod铆a ser tan est煤pido para pensar que Jon Lee, el autor de una biograf铆a de Che Guevara, pod铆a escribir un art铆culo positivo sobre Pinochet? Otro art铆culo de Jon Lee, que correg铆 hace unos a帽os, era sobre el per铆odo que vino despu茅s de la guerra civil en Liberia, un pa铆s fundado por ex esclavos americanos. El presidente de Liberia, Charles Taylor, que ahora est谩 exiliado pero sigue teniendo mucha influencia en el pa铆s, acept贸 hablar conmigo por tel茅fono. Me dijo que s铆 que era verdad que 茅l mismo hab铆a matado a varias personas, pero que hab铆a sido durante una guerra civil. Tambi茅n me asegur贸 que le hab铆a pegado un tiro en la rodilla a su rival y lo hab铆a quemado vivo, una escena que fue transmitida por la televisi贸n en directo. Me explic贸 que lo hab铆a hecho solamente para mandar un mensaje a sus opositores. Me sorprendi贸 cuando me dijo: 鈥淎ndy, me parece muy ofensivo el uso de la palabra 鈥渨arlord鈥 (comandante en jefe militar) porque tiene connotaciones negativas鈥.

Lo m谩s vergonzoso que me ha pasado desde que trabajo en la revista fue corrigiendo un art铆culo de Jon Lee sobre Gabriel Garc铆a M谩rquez. Ahora s茅 que a Gabo no le gust贸 el art铆culo porque hablaba de todas sus casas y de su vida de jet-set. Pero la persona a quien debo pedir disculpas no es 茅l sino a su mujer. Gabo hab铆a estado enfermo y pas贸 un tiempo en el hospital. En Internet empez贸 a circular el rumor de que hab铆a muerto. El redactor jefe de la revista, David Remnick, conoci贸 el rumor y me pregunt贸 si era verdad. Yo no ten铆a ni idea. Me pidi贸 que llamara a la mujer de Gabo, que estaba en Colombia (茅l estaba en M茅xico), para preguntarle si era cierto. Con pocas ganas, la llam茅. Se puso fren茅tica porque tampoco sab铆a si el rumor era correcto. Por suerte, Gabo estaba vivo, pero nos cost贸 mucho que sus familiares volvieran a hablarnos despu茅s de esa metedura de pata. Hablar茅 un poco del uso del Internet en mi trabajo. Por supuesto una persona puede mentir o repetir un rumor a uno de nuestros periodistas, pero esas mentiras y esos rumores son inmortales en Internet. Los archivos electr贸nicos de art铆culos son sumamente 煤tiles y es esencial poder encontrar ensayos y discusiones de cualquier tema, desde el Kick boxing Thai hasta la literatura medieval espa帽ola. Antes de Internet, no s茅 c贸mo la gente que hac铆a este trabajo pod铆a encontrar r谩pidamente la informaci贸n que necesitaba; pero, en el fondo, es lo que hace que mi trabajo sea interesante, y muchas veces lo es, aunque no siempre. Les puedo asegurar que verificar la ortograf铆a de los nombres no es lo m谩s divertido del mundo. Es m谩s interesante la posibilidad de comunicar con la gente de una forma civilizada. Eso hace que este trabajo sea una parte importante del periodismo mismo.

Nota: El original de la transcripci贸n tiene ISBN 84-87175-27-9 y copyright de la Asociaci贸n de la Prensa de Arag贸n.